miércoles, 26 de noviembre de 2008

AHMET

- Te estabamos esperando, ¿que tal te encuentras? me preguntó.
Su mirada era la más profunda que jamás habia visto, quizá pueda mirar en el interior de las personas, pensé. Pues tal fué la impresión que me creó que en un principio me asustó la estampa de sus ojos, aunque ésto paso como un fogonazo pues algo lejos de poder ser explicado razonablemente hacia que este anciano transmitiera la misma paz que el lugar tan misterioso donde nos encontrabamos.
Mi cuerpo, cansado y magullado, presumia de estar bastante relajado, pese a lo nuevo de la situación y lo excitante del lugar. En ningún momento sentí algo parecido al miedo por lo que con la voz sosegada le respondí que bien.
-¿Donde estoy y quien es usted?- me aventuré a decir. El viejo respondió con una sonora carcajada, que me contagió acaloradamente.
-Tranquilo Anthuan, tranquilo, todo a su tiempo. De momento que tal si me acompañas, debes de estar cansado.
Mi sorpresa fue mayuscula, yo un naufrago echado a la deriva hace meses, recien llegado a un lugar sumamente nuevo y en compañia de un viejo del cual desconocia todo, me habia llamado por mi nombre.
- ¿Como sa......?
- Mi nombre es Ahmet.- Dijo inclinandosé en señal de respeto e interrumpiendo por mi atropellada pregunta.
Sonriendo con la mayor de las felicidades posibles me dijo
-Despreocupate amigo a partir de ahora yo seré tu guía aquí.- y con un gesto de la mano apartó las resplandecientes hojas verdes de una planta que crecia en la pared de la cueva. Ni la cueva ni las plantas, ni aquel viejo eran normales. Estaba seguro de que esto era un sueño, todo parecia extraterrenal, era una sensación tan placenteramente llena de paz, que ni el hecho de que conociese mi nombre podia turbarme. Asique sin más miramientos, entré por el hueco de la cueva por donde el me indicó y caminé a través de la estrecha galería seguido por "mi nuevo guía" La galería era luminosa, pues en su parte superior se filtraba la luz del sol a traves de bonitas claraboyas, estaba adornada también y en las paredes se podían leer frases en un idioma que desconocía, pero que entendía con suma facilidad. Algunas de ellas hacian referencia a naufragos, islas, arboles,tormentas, etc..cosa que me sorprendió pues me sentía identificado, y casi todas hablaban de belleza,libertad, amor. Erán sin duda poemas escritos con una genialidad divina pues sus palabras fluian libremente por mi pensamiento, confiriendome un sosiego nunca antes experimentado.
A caso no me habré muerto, pensé al intentar concebir tanta perfección. ¿Estaré en eso que llaman cielo?¿De ser así porque me siento vi...?
- Shhhh!- dijo el viejo como si estuviese leyendo mis pensamientos y quisiera interrumpirlos, consiguiendolo claro está. Giré la cabeza para mirarle y su única contestación fue una sonrisa, tan familiar como si realmente estuviese adivinandome.
-Resbalarás!-Inmediatamente volví la cabeza y ví una gran estancia circular donde las rocas de color blanco rezumaban vapor, inundando de agua caliente ciertas partes más profundas de la estancía. En las paredes crecian numerosas plantas pues el techo similar a una cúpula poseía inumerables ventanas que iluminaban y daban vida a aquel gran baño. En el interior no habia nadie, pese a que las dimensiones del lugar me recordaban a las de una gran mezquita y aunque el basto volumen del lugar me anunciaba pequeñez, el agua y el vapor que de las rocas surgian abrazaban acogiendote hospitalariamente.
-¿Un baño? preguntó Ahmet mientras se despojaba de todas sus ropas sin dejar de sonreir. Sonrisa que empezaba a contagiarme como gesto de complicidad. Como negarme a semejante homenaje, dispuesto pues, me quite los arapientos restos de ropa que llevaba y me sumergí en una de las pequeñas bañeras de piedra.
Purificación, es la palabra que mejor se adapta a la sensación que aquellas calientes aguas me transmitian. Como embrión en su matriz, sentí la protección de la gran madre, la acaricia de la inocencia y la pureza de la libertad con la que nacemos. La paz del desconocimiento y la esperanza del aprendizaje me hicieron salir a la superficie.
No se cuanto tiempo estube al amparo de esas aguas, pues la percepción de éste se perdió cuando abrí los ojos, al igual que perdí la percepción de mi cuerpo.
Nadie había allí ya, asique embriagado de aquella experiencia y somnoliento, reposé y entré en un profundo sueño.(Si esque éste no era ya suficiente)


continuará...