martes, 12 de agosto de 2008

Bienvenido a Ubuntu


Lo primero que pude observar de aquel sitio, es que no era normal. La vegetación constaba de extrañas especies que jamás había visto en ningún otro lugar de la Tierra.(y tengo que decir que había estado en muchos y muy variados lugares)Todas ellas compartian una propiedad común y era el excesivo color que desprendían, cada tallo, hoja o flor desprendía luz propia como si se tratasen de pequeñas lamparas de colores. La tierra también me parecía algo diferente pues su olor impregnaba el ambiente y su tacto era tan agradable que bien se parecía al de la seda. El mar por su parte era inmutable.
Lo segundo que vi era una gran abertura en el bosque, digamos que éste se abría ante mí como recibiéndome con todas sus galas, pues la sensación que percibía era de entrar en un gran palacio construido por la natura. No lo dudé ni un segundo,me adentré en el bosque, estaba inquieto por saber sobre el lugar que el destino había reservado para esta nueva aventura. Una vez dentro el incremento de la energía del lugar fue agudizando mis sentidos llegando a sentirme en un estado de ensimismamiento jamás experimentado. La vista, el olfato y el oído se acrecentaron de tal manera que me permitieron conocer ciertos aspectos del lugar que me son imposibles de explicar con palabras. Después de estar andando un tiempo,y pese a estar experimentando un nuevo mundo de impresiones, el agotamiento me abordó con total violencia y me recosté en un pequeño desnivel creado por la raíz de un árbol milenario y volví a soñar.
Esta vez me trasladé a una de las ciudades interiores de la región de kaleikói con algunos de mis viejos amigos músicos, todos celebrábamos con alegría el concierto que habíamos dado pese a la baja asistencia de público. Celebrábamos más que nada nuestra amistad, el poder que la música ejercía en nosotros para unirnos y fundirnos en uno, todo era risa, gritos y algarabía. Pero algo ocurrió entre sonidos de bombos y timbales, y es que de ahí salté súbitamente en medio de una pelea bochornosamente violenta entre los mismos protagonistas que antes reían. Intenté mediar entre ellos pero debía de ser un fantasma al que ni se escucha ni se ve. Simplemente me limité a mirar con espanto como se destruía un mundo por un sin fín de afanes desproporcionados.
Me desperté llorando mientras escuchaba en la lejanía el golpear sobre madera. Era un sonido muy armónico que empezó ha acelerar según me acercaba al lugar de donde provenía. El ritmo era frenético cuando llegé a la entrada de una cueva no muy lejos del lugar donde reposaba, allí podía ver rastros de lo que podía ser "vida humana" pues las paredes de ésta estaban adornadas con numerosos relieves y pinturas. Me fijé en una por su belleza y el buen gusto en su creación, la escena representaba un conjunto de gente trabajando en la construcción de un palacio. Trabajaban mujeres, hombres, niños y ancianos; y ninguno tenia una mueca de cansancio, si no mas bien todos sonreían y se ayudaban. Levanté la cabeza y encima de esa pintura ví el relieve de lo que parecía ser el mapa de una isla, en su centro leí - UBUNTU "TIERRA DE TODOS"; Asustado giré rápidamente la cabeza al percatarme de la presencia de personas y vi a un anciano que simplemente me sonrió y me dijo :


-"BIENVENIDO A UBUNTU"